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Cuando era un jovencito oía algunas veces que
un músico había "perdido"
el labio y que no podía tocar, su sonido
en el instrumento terminaba siendo un mero balbuceo,
o algo así como un tartamudeo difícil
de identificar como sonido. También se decía
de ellos que hacían extrañas muecas, etc.
Por supuesto que me olvidé de todo aquello hasta
que muchos años más tarde me lo recordó
la experiencia de vivir de primera mano algo
incluso mucho peor de lo que en aquellos años
llegaba a mi oído, y que actualmente considero
como un lejano e inofensivo recuerdo. Era una severa
distonía de la embocadura.
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| En la actualidad
es desafortunadamente habitual enterarte de casos de
músicos que sufren de distonía de la
embocadura; este desorden está dejando de
ser tabú y muchos buscan la solución al
problema que sufren.
La razón de mi investigación es obvia,
por un lado tuve que resolver mis propios problemas,
y por otro quería aplicar mis conocimientos a
los que venían a mi en busca de ayuda para solucionar
los suyos, algo que sin duda me ha permitido reunir
información de mucho valor. Así pues,
los resultados de mi investigación hasta el
día de la fecha son la conclusión de mi
propia experiencia, en primer lugar como sujeto
y objeto de la investigación, y posteriormente
por la derivada de la aplicación de la misma
a los casos que he tratado y trato día a día.
El cuadro sintomático de la distonía
de la embocadura es inequívoco y la intensidad
con que se manifiesta responde a la diferencia sustancial
de factores tanto psicológicos como físicos
que conforman el mundo particular de cada individuo.
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Salvo que se trate de patologías musculares
o anatómicas irreversibles, o de problemas
técnicos innegables, debemos inmediatamente
sospechar que el problema que nos afecta tiene
que ver con la deformación de nuestro comportamiento,
así pues no sería apropiado rechazar
la posibilidad de contemplar como de origen psicológico
un claro y pertinaz problema técnico que
no encuentra solución por la vía
de la disciplina, sobre todo si consideramos que
en la inmensa mayoría de los casos el
conflicto solamente surge cuando queremos tocar
y no cuando nos imaginamos tocando (haciéndolo
todo sin el instrumento). Siendo esto así,
es evidente que ciertos condicionamientos mentales
interfieren los mecanismos musculares responsables
de poder tocar el instrumento.
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Las distonía
de la embocadura no aparece de la noche a la mañana,
si no que es la culminación de un trabajo integral
equivocado, y como tal es reversible si se establecen
de nuevo las pautas correctas.
Liberarse de esos condicionamientos mentales facilitará
muchísimo la vuelta al estado natural. |
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